en un pueblo que no entiende bellas artes ni cometas y hablan todo el tiempo de las rosas magníficas. discuten las palomas sobre quién tendrá más vida y el tren arrolla la voz del amante que grita y llora desesperado mientras observa cómo se va el amor detrás de luces y sombras a la ciudad maldita que no entiende de sencillez ni de feriados al sol.
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Mostrando entradas de 2012
Excusas inadvertidas.
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Fue así. Estábamos jugando un partido de vóley muy parejo con las chicas y los chicos de mi curso. Era todo normal, y en la rotación me tocó ir al frente, a bloquear. Me acuerdo bien que el sol estaba de frente y nos encandilaba. Nunca fui buena jugando mucho menos sin ver nada, pero ese día era especial, esta era mi oportunidad. Estábamos a un punto de ganar o perder. Ento nces la pelota sale del saque y viene volando, oscilando en el aire, y yo tomando impulso del piso, levanto el brazo para darle un golpe certero, el pase de la victoria. En ese momento, la pelota estaba a diez centímetros de tocar mis manos para salir rebotando a la cancha de los oponentes, otorgándonos la gloria. Pero algo inesperado sucedió. La pelota no cayó nunca. Quedó inmóvil en el aire... miré por el rabillo a mis compañeras y ellas estaban congeladas también, como en pausa. Me asusté. Los chicos también estaban estatuizados en la otra mitad de la cancha y yo empezaba a temblar. Un agujero negro se había ab...
IV
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A estas horas en que la noche a escribir me llama, trato de dejarme llevar por lo que ella quiere que haga. Cierro los ojos y me da palabras, como si a un mendigo, limosnas tirara. murmulla el viento, que acaricia los cabellos de aquellos amantes de la madrugada. Tristes son tus ojos, amiga estrellada, observando la luna has muerto extasiada, bailando pasiones junto a tu almohada, cuando sus labios rozando estaban la tibia piel que envuelve tu alma, cuando sus manos varoniles y su felina mirada, recorrían tranquilos tu cuerpo entre las sábanas. Mariposas, plumas, besos y palabras, arrullo del viento que enciende la calma.
niña
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niña risueña, con los ojos cargados de burbujas de jabón, con los sueños a flor de piel, llena tu cabeza de ilusiones cansado tu corazón de los rasguños. niña traviesa, con los labios estallando en palabras nuevas, entonando canciones de otros amores, bailando con sombras tragicómicas, pintándote una sonrisa en la cara. lo sé, lo veo, no es fácil sostener el semblante feliz y el rostro radiante, lo noto, tranquila, no voy a juzgarte, no es fácil olvidar tu risa estruendosa más aún cuando esconde un llanto feroz, cuando detrás de tus jardines llenos de árboles y juegos se esconden los retazos de tu corazón. (Para Dulcinea)
Vitrinas
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magia en tus pupilas, traslucen tus pensamientos, liberas energía, manejas el juego desde la partida, tu mirada, asesina sigilosa de mis peores pesadillas, espejo sarcástico de mi risa. insignificante voz fue la mía, diciéndote al oído, hablándole a tu imagen petrificada, que solo mira y mira y sonríe a la pared, pensé que me escuchabas, magnífico error el mío creer en vos. otra vez, la ñata contra el vidrio. deberías dejar de mentirte y empezar a vivir, es un juego divertido dejar de ser triste.
II
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Demasiado. Alunicemos y despejemos las mentes con un poco de café frío. Limpiémonos los zapatos antes de pasar al abismo, despacito. Digamos "Whisky" y lloremos un poco, para quitarnos el peso del olvido de encima. Tengamos presente lo que borramos del olvido, y miremos al piso como buscando el sentido, que de seguro, mi amor, ya hemos perdido .
La niña y el viejo de la bufanda
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- Una cadena que ata fuerte es esperar algo de otra persona, pero una que ata aún más fuerte es intentar que todo lo que haces o dices agrade a los demás. Cuando logres soltar esas amarras, empezarás a entender la libertad. El viejo decía eso sentado en el inmortal banco de la plaza. La niña no se movió de su lugar. Lo miraba fijo desde la hamaca. El viejo se acomodó la bufanda que le llegaba a los pies. La tarde se moría despacito. A las seis de la tarde, el sol empezaba a despedirse, la niña se levantó de su hamaca. Saludó al viejo con un beso en la mejilla y sin decir una palabra se fue a su casa.
Historia común (experimento)
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El viento hacia ruido contra la ventana de la pieza, y la lluvia comenzaba a regar el pueblo. Eran las doce de la noche y Laura no conseguía dormirse. La luz de los relámpagos iluminaba la habitación cada dos minutos. Daniel no lograba concebir el sueño. En sólo unas horas amanecería, y un día largo y arduo amenazaba con aparecer y llevarse las pocas fuerzas recuperadas del descanso. La lluvia rellenaba los cordones de las calles y repiqueteaba contra los vidrios, el viento ya no soplaba con intensidad y los truenos se apagaron. Laura miraba el despertador. Daniel se levanto al baño. Las nubes siguieron camino, despejando el cielo. La luna brilla ahora, y las estrellas la acompañan. El reloj jamás detuvo su marcha. Son las siete. Laura se sobresalta, va al baño, se lava los dientes, hace pis y se mira luego en el espejo. Los años no vienen solos. Vuelve a su habitación, busca la ropa de trabajo, regresa al baño, se maquilla, toma unos mates... Daniel despertó a las seis y me...