IV

A estas horas en que la noche
a escribir me llama,
trato de dejarme llevar
por lo que ella quiere que haga.
Cierro los ojos y me da palabras,
como si a un mendigo,
limosnas tirara.
murmulla el viento,
que acaricia los cabellos
de aquellos amantes
de la madrugada.

Tristes son tus ojos,
amiga estrellada,
observando la luna
has muerto extasiada,
bailando pasiones
junto a tu almohada,
cuando sus labios
rozando estaban la tibia piel
que envuelve tu alma,
cuando sus manos varoniles
y su felina mirada,
recorrían tranquilos 
tu cuerpo entre las sábanas.

Mariposas, plumas, 
besos y palabras,
arrullo del viento
que enciende la calma.





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