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Mostrando entradas de octubre, 2016

Presentimiento sin alondas

Siento, inevitablemente, que podrías llegar en cualquier momento, y sin tus mochilas y tus cuentos, vacío y solo como cuando recién eras un nombre. Siento que podrías, deberías, llegar en cualquier momento, incluso, que estás viniendo. Oigo tus pasos firmes y tiemblo con la tierra que estás pisando, como la hoja al viento en que, torpe de mi, me has convertido. Siento, inexorablemente, que estás llegando, furiosa calma que acompaña tus movimientos, tu camino de espinas, de vidrios rotos, de caracoles y laberintos quiméricos. Ah, sí, lo sé, estás viniendo, liviano, tan roto como siempre estuviste, tan remendado con otros besos, con otros ojos, con cicatrices, lo sé yo también. Sé que es triste este venir, este ir, este yendo, porque aquí, pajarito de alas rotas, aquí ya no te espero.

El gemelo

Ha sobrevivido el gemelo malvado, incapaz de sentir más que para sí mismo. En sus ojos la negrura anuncia la perdición, el abismo insoportable de la cobardía. Ha sobrevivido sufriendo ser uno entero pero a la vez una mitad. Insaciable de amor, imposibilitado de dar, su corazón es una vasija rota que no se puede llenar. Ha desbordado de vida y la culpa lo destruye, le sesga el alma de calor, sus labios son incansables bebedores en busca de paz, las Furias lo corren, lo desnudan lo besan y lo corrompen, las Furias lo envenenan, el amor como un águila le mastica el hígado y jamás logra querer: maldito para siempre, ningún Hércules vendrá a salvarte porque no llevaste luz a ningún lado, la robaste buscando iluminarte, maldito para siempre.