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Mostrando entradas de junio, 2013

El parto.

Sé que es hora de parir un verso cuando el corazón tiene contracciones cuando las palabras se me dilatan en los labios cuando ya no puedo más con los sentimientos. Sé que es hora de darle luz al verso cuando el mundo me inyecta una peridural y me hace ir inmóvil a llorar al rincón donde las lágrimas son letras y el llanto es canción.

Cuatro noches. (Cuento, ensayo de...)

Los perros estaban ladrando enloquecidos. Se podía sentir cómo arrasaban con todo lo que había a su paso. Ruidos de bolsas destrozándose, de vidrios rompiéndose, de latas chocando contra el piso de cemento frío y húmedo por el rocío. El suelo temblaba bajo las cientos de patas que corrían encima suyo y la niebla se disipaba con los cuerpos peludos de los animales que salían disparados en cualquier dirección. La jauría se desplazaba sin piedad sobre aquella ciudad maldita. Los ciudadanos escandalizados por el ruido infernal se encerraron en sus casas por miedo a ser atacados y mordidos por los caninos rabiosos. Todos estaban paralizados. Era la segunda noche de furia de las bestias enfermas y nadie sabía cómo detener semejante catástrofe.  Al amanecer, los animales se ocultaban en edificios abandonados, llevándose presas para comer. Cazaban gatos, roedores, pájaros. Algunos morían consumidos por la rabia, otros atacados por sus propios compañeros. Las peleas en masa dejaban inme...

óleo

Unge mi corazón con tu aceite, óleo indeleble del amor distante. Urge mi corazón por quererte con la paciencia del caminante. Aunque mejor no lo hagas porque tus ojos, dos dagas son filos, mortal arma vertiente del amor que ama. Hieren mi alma tus ojos, tibios, mansos abrojos vientos, dulce vendaval. Muere mi alma en carnaval, danzan mis labios de rojo cantando con triste arrojo la pena de este manantial.

Falsa paz.

Me diste la paz. No, en verdad no. No me diste más que otro latido fuerte. Si me dieras la paz mi corazón sabría si es negro o blanco, porque este gris me ahoga. No, no me diste la paz. Me diste un saludo de paz pero la paz vendrá cuando me vea en tus ojos y sepa que lo que siento es cierto o de una vez se ponga fin a todo este cuento.

te invito

A romper el hielo que envuelve al corazón con el suave pero ardiente calor de una mirada llena de la ternura y el amor en la medida justa A disipar con nuevos vientos las neblinas de los sentimientos.  A llenar este espacio que te espera, a transformar en risa el lamento.