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Mostrando entradas de septiembre, 2014

despertar

¿de qué sueño desperté? ¿en qué pesadilla entré? miro, leo, analizo las palabras que tiempo atrás salían hasta de mí y las veo tan ajenas, tan lejanas, tan guerra, tan raras, tan quimeras, tan fuera de lugar, tan lustradas, tan fantoches, me miran, me leen , me analizan y se ríen, se burlan, se carnavalizan... ¿qué disturbio planetario, qué mala hora, qué gualicho, qué maldición, qué karma, qué plan macabro es este? Unos ojos me dicen, castigadores, que mi risa es impura, que estos ojos míos brillan de otro modo, que mis palabras (mías, mías tan mías, y más mías que nunca antes) suenan de otra manera. La libertad nos hace extraños de lo que hicieron de nosotros, nos pasa por aceite hirviendo y nos transforma la piel, no menos linda no más fea, no menos mortal, no más real; la libertad que me otorgo libremente, los pájaros, el viento en la cara, la risa estrepitosamente impura, el trayecto montaña rusa de la felicidad que elijo...

No pudiste

Nunca supiste verme débil, desfalleciendo ante un par de ojos profundos, lejanos, negros, pájaros, pescaditos, brillitos, ojos de oscuridad, ojos sin fondo, sin tope, sin preguntas, sin respuestas, sin palabras, con poesía. Nunca soportaste verme pequeñísima, mirando hacia arriba, saltando para alcanzar la mesa, jugando, riendo sin motivos... nunca pudiste verme en estado de felicidad plena, no te bastó con mis ojeras y mis labios rojos, sangre, rubí, mordisco de rabia. Y hoy no sé cómo no dormirme sin pensar en todo eso. Es así: apago la luz y duermo, imperturbable, respiro el aire en que ya no respiras, y no me muero menos, ni vivo más... ni viceversa. Nunca pudiste soportar verme indefensa, yo que pude cortar con los dientes las cadenas herrumbradas, que logré soltarme de las manos, de los juicios, que me volvía tan dinámica y rústica soportando el frío y el sol de las soledades en tu compañía, yo que había trasplantado mis raíces sin morirme tanto.... y ahora indefensa, contorneada...

HumedaD

y esta humedad que cala los huesos se parece tanto a tu mirada. Nunca le tuve tanto miedo al futuro desde que supe que no estarás, ya ves como uno se acostumbra a sostenerte la sombra, a ir juntando las migas de tu risa, quedando con hambre de lo que sólo tenés para vos mismo, de lo que no sabés dar, tacaño hasta de silencios porque cuando más quisiera que te calles, venís con tus palabras y tus trinos, y tus... para qué, mirá... si cuando uno se gasta lo que tiene nomas (ya sabrás), no puede ir a pedir de prestado, menos a vos, que no sabés prestar, ni dar, ni querer. Y ya sé bien que vos no tenes la culpa de tanta desilusión,o no de toda. Porque te pensas que querer es eso que haces, esa costumbre mala mala muy mala de saberte querido y pensar que no necesitas devolverlo, que recíprocamente se vuelve, como un espejo, un reflejo, que uno te quiere porque vos queres, y no. No es así. Yo te quiero porque el karma lo dispuso, o Dios, Alá, Buda, Neruda... o mi imaginación. Agradezco cont...