Es de nuevo ella. Me busca, me encuentra y le gusta quedarse conmigo. No puedo evitarla. No sé decirle que se vaya. Me abraza, me aprieta, me sofoca un poco, a veces, me asfixia. Yo no la invito, pero se mete en casa. Me acompaña a todos lados, vestida de colores, con frases hechas, dándole la mano a todos. Y crece. Crece a ritmo acelerado. Está cada vez más grande. Quiere hacer todo conmigo. Al trabajar, sigue ahí pero escucha sentada. Ahora quiere apoderarse de mis clases. Quiere ir al salón. Al estar en casa, quiere sentarse sobre mi regazo acurrucada como un gato. Un gato arisco que no se deja tocar. Un gato malo. Es cada vez más pesada, más negra, más mala. Muy pronto querrá tomar mi lugar, lo sé, lo presiento, es su objetivo. Muy pronto se sentará sobre mi cadaver.
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Mostrando entradas de marzo, 2019
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Algunas maldiciones se te parecen profundo en la mente inconsciente tus palabras, tu mirada, aparecen y el corazón aunque dormido, siente. Tal vez sea yo misma sanando, como una vieja cicatriz que aun pica como si un eco estuviera habitando y contra las paredes de mi alma repica Queda entonces, ahora tu fantasma exorcizado apago para siempre los susurros del pasado renazco de las cenizas, purificada mi alma enciendo mi luz, vuelve al fin la calma.
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Siento la presencia en otras risas, ojos de alegría, cantos de vida, dulces aromas del camino, tiernas pieles;mas me temo ver todo como en un espejismo. Todo está acá, bello, vivo y presente sin embargo yo tengo la desdicha rebalsando en las manos y no logro aferrarme, no puedo lanzarme a ese abismo, mi pecho presiona, me duele este hueco que dejó la vida, que dejó el tiempo, que dejaron los susurros, espinas del pasado cuyo aguijón está profundamente enterrado y aún emana veneno.