Y no, lejos estoy de ser la que pensé que sería hoy. Tomé caminos que se bifurcaron, caminé en círculos persiguiendo mi propia sombra y me tejí una trampa en la que caí mil veces. Volví tras mis pasos, apresurada, pero no volví la mirada por temor a ser convertida en piedra o en sal. No sé ahora si me conformo o me construyo de otros materiales. Sé que algo adentro mío, ese río correntoso, encontró un cauce para fluir; sé que el frío que entraba por esa grieta lo cubren un par de brazos fuertes que a veces aprietan demasiado, pero me devuelven al mundo, no sin dejarme una marca. Tengo muchas nuevas preguntas, tengo muchas otras certezas. La soñadora despertó y no había un príncipe pero tampoco un escarabajo o un dinosaurio. Había un hombre hecho de desafíos, confusiones, contradicciones. Había un espejo. Y me vi. Y me enfrentó con una dulce furia. Y me mostró el abismo, lo oscuro del borde de mis ojos, pero me sostuvo con su mano. Tengo el privilegio de mir...
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Te imaginé, negrito, entrando en un prado verde, con solcito. Te imaginé saltando, dejando que el sol te bañe la monedita de oro de tu cara, el único ojo que tenías. Te imaginé siendo un gato feliz. Imaginé que todo el amor que diste regresó a vos en forma de más amor. Que recibiste un privilegiado lugar en el cielo gatuno. Que el pastito blando y vibrante de verde te acariciaba las almohadillas de tus negras patitas. Que los rayos de sol que te acariciaban el manto negro y brilloso te seguían la figura como mi mano cuando te saludaba. Que el agua fresca y pura no tocaba tus bigotes. Que había muchos sillones hamaca para que hagas tus siestas. Que eras feliz, mi Indio hermoso.
Mala mía, mí mala
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Hoy te despido, mala mía . Te agradezco porque fuiste mi escudo, de Medusa la cabeza, defensora de mi tristeza. Hoy te despido. Hoy te despido, mí mala. Te agradezco porque fuiste mi castillo, mi Bastilla, trinchera de mis penas. Hoy te despido. Hoy te despido, mí malvada. Te agradezco porque fuiste mi guardiana, Carncerbero del infierno, campana de mis rodeos. Hoy te despido. Hoy te transformo de mala a madura, de malvada a segura, de enfurecida a lúcida. Hoy me recibo, mi madura; me recibo, mi amada; me recibo, mía al fin, toda yo mía. **************** Agradecida por la que fui, por la que estoy siendo gracias a la "mala" que fui. Gracias, mala, ahora te libero de tus tareas. Al fin podrás descansar, al fin podrás dejarte amar. Podes dejar que alguien más lama tus heridas, no está mal; podes dejar que alguien más te cuide, no está mal. Cumpliste tu trabajo con valentía y dolor, con estoicismo y honor, y ya es momento de descansar....
En este momento en que los cuerpos no son necesarios
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En este momento en que los cuerpos no son necesarios un par de ojos verdes son los autores de un deseo a lo lejos, un hombre ríe en medio de la nada a lo lejos, una mujer sonríe pensando en esa risa no existe nada pero está todo la realidad se altera y se abren los caminos hay una nube de sueños que rodea la nada del hombre hay una muralla de miedos que rodea la sonrisa de la mujer ese espacio, enorme, es abarcable pero se expande hay una incógnita oculta entre las verdades que se dicen se disparan las flechas pero el trayecto es largo los ojos de las hachas tal vez se han alineado tal vez haya llegado Ulises a Itaca tal vez Penélope al fin deje de resguardarse pero en este momento en que los cuerpos no son necesarios un par de ojos verdes, son los autores de un deseo.
Bajo el influjo de la tristeza
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Todas mis hojas se volverán abono, mis raíces cobrarán fuerza, irán por debajo, calando hondo. mientras por fuera soy frágil - como una bomba- por dentro, voy construyendo una fortaleza descubriendo los recovecos que abrieron las grietas, esas grietas que dolieron al parirse y ahora serán aire, camino, ventanas. mientras por fuera parece la calma antes del huracán mientras en stop motion se me caen las clavas y las pelotas y estrello mi nariz contra el suelo mientras escucho los pasos de mi yo futuro mientras mastico el barro y el silencio. mis hojas marchitas serán mi sustento, el recuerdo de que siempre, pero siempre florezco.
Risa
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Estruendo que parte desde la suspensión del tedio; escudo sonoro contra lo que el alma más tema: la muerte o un par de ojos negros; sentencia de libertad: el raro vuelto de un pájaro o la salvaje carrera de algún gato hacia el horizonte; un coro febril extraordinariamente disonante; una batalla campal de granadas centelleantes; el suspiro del corazón que se relaja al fin; un instante de gloria que a veces precede al llanto.