Excusas inadvertidas.
Fue así. Estábamos jugando un partido de vóley muy parejo con las chicas y los chicos de mi curso. Era todo normal, y en la rotación me tocó ir al frente, a bloquear. Me acuerdo bien que el sol estaba de frente y nos encandilaba. Nunca fui buena jugando mucho menos sin ver nada, pero ese día era especial, esta era mi oportunidad. Estábamos a un punto de ganar o perder. Ento nces la pelota sale del saque y viene volando, oscilando en el aire, y yo tomando impulso del piso, levanto el brazo para darle un golpe certero, el pase de la victoria. En ese momento, la pelota estaba a diez centímetros de tocar mis manos para salir rebotando a la cancha de los oponentes, otorgándonos la gloria. Pero algo inesperado sucedió. La pelota no cayó nunca. Quedó inmóvil en el aire... miré por el rabillo a mis compañeras y ellas estaban congeladas también, como en pausa. Me asusté. Los chicos también estaban estatuizados en la otra mitad de la cancha y yo empezaba a temblar. Un agujero negro se había ab...