Excusas inadvertidas.
Fue así.
Estábamos jugando un partido de vóley muy parejo con las chicas y los chicos de mi curso. Era todo normal, y en la rotación me tocó ir al frente, a bloquear. Me acuerdo bien que el sol estaba de frente y nos encandilaba. Nunca fui buena jugando mucho menos sin ver nada, pero ese día era especial, esta era mi oportunidad. Estábamos a un punto de ganar o perder. Ento
nces la pelota sale del saque y viene volando, oscilando en el aire, y yo tomando impulso del piso, levanto el brazo para darle un golpe certero, el pase de la victoria. En ese momento, la pelota estaba a diez centímetros de tocar mis manos para salir rebotando a la cancha de los oponentes, otorgándonos la gloria. Pero algo inesperado sucedió. La pelota no cayó nunca. Quedó inmóvil en el aire... miré por el rabillo a mis compañeras y ellas estaban congeladas también, como en pausa. Me asusté. Los chicos también estaban estatuizados en la otra mitad de la cancha y yo empezaba a temblar. Un agujero negro se había abierto en ese momento glorioso y me había absorbido. Lo supe en ese mismo instante. Todo estaba inmóvil. Todo pasó en un segundo que fue eterno. Cuando me di cuesta todavía estaba saltando con la mano en alto para golpear a la pelota, y finalmente al impactar mis pies en el suelo, el estruendo fue ensordecedor. Grité y me anuló los tímpanos, tanto que me mareó. Me di cuenta de que el tiempo iba “en cámara lenta” para mí pero los demás estaban inmóviles. Se podrán imaginar mi susto. Entonces, sentí como una gota de sudor frío empezaba a correr por mi espalda muy pero muy lentamente. Empecé a llorar (todo en cámara muy pero muy lenta) y sin darme cuenta me quedé dormida.
Me desperté súbitamente cuando la pelota rebotó en mi brazo y cayó en nuestra cancha, inmediatamente se escuchó desde una garganta muy enfurecida mi nombre acompañado de un insulto y un festejo del bando opuesto por su triunfo.
Nunca pude explicar la verdad de porqué perdimos ese día. Pero fue así.
Me desperté súbitamente cuando la pelota rebotó en mi brazo y cayó en nuestra cancha, inmediatamente se escuchó desde una garganta muy enfurecida mi nombre acompañado de un insulto y un festejo del bando opuesto por su triunfo.
Nunca pude explicar la verdad de porqué perdimos ese día. Pero fue así.
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