Historia común (experimento)

El viento hacia ruido contra la ventana de la pieza, y la lluvia comenzaba a regar el pueblo. Eran las doce de la noche y Laura no conseguía dormirse.
La luz de los relámpagos iluminaba la habitación cada dos minutos.
Daniel no lograba concebir el sueño. En sólo unas horas amanecería, y un día largo y arduo amenazaba con aparecer y llevarse las pocas fuerzas recuperadas del descanso.
La lluvia rellenaba los cordones de las calles y repiqueteaba contra los vidrios, el viento ya no soplaba con intensidad y los truenos se apagaron.
Laura miraba el despertador.  Daniel se levanto al baño.
Las nubes siguieron camino, despejando el cielo. La luna brilla ahora, y las estrellas la acompañan. El reloj jamás detuvo su marcha.
Son las siete.
Laura se sobresalta, va al baño, se lava los dientes, hace pis y se mira luego en el espejo. Los años no vienen solos. Vuelve a su habitación, busca la ropa de trabajo, regresa al baño, se maquilla, toma unos mates...
Daniel despertó a las seis y media, esta listo para el trabajo. Se sube al auto, lo enciende, y enciende también la radio -Buen día amigos radioescuchas, ¿Como están hoy? Qué...- suspira profundo, y sale rumbo a la empresa.

-Buenos días, ¿Cómo estás, Laura?- una mujer joven de pelo castaño la saluda, con una sonrisa, le extiende un café. Toma un sorbo, se sienta al escritorio. La computadora esta encendida.
El auto esta estacionado en el lugar de siempre, mira a los costados y baja. Camina media cuadra y entra en la oficina.
- ¿Buen día Sr., cómo está hoy? se lo ve cansado, y recién es lunes, una chica de ojos claros y cabello castaño lo saluda con una sonrisa y un café en la mano. Más atrás, Laura, mirando por la ventana, termina su café y revisa en su bolso.
-Buen día Maria, está todo bien, ¿vos?
Laura no levanta la mirada.  Daniel se apresura a su oficina.
El sol secó todas las calles. Son las doce. María apago la computadora y le ofrece a Laura para llevarla a su casa.
-¿Que día de mierda, no? Mira el calor que hace por favor, no voy a dudarlo más, Lau, hoy mismo a la salida me compro un aire, ¡estamos en primavera y hace 30 grados, en verano va a ser 45!

Frena el auto sobre la calle Sarmiento. - Gracias María, nos vemos a las dos... creo que también yo voy a comprarme un aire... avísame si encontras alguno barato.
La casa está calma. Coco, maúlla en la ventana, esperando su comida.
En la oficina, Daniel observa las cuentas en rojo de la empresa, el corazón se le quiere salir de la boca. El sol le quema la espalda, pero no lo siente.
-Dani, tranquilo, es común, en una empresa vas a tener números en rojos alguna vez, no te hagas drama, mira, en el banco armamos un coso de esos nuevos, factoring, no sé cómo es y listo, total, tenemos mucha gente que nos debe y groso, fijate, Aguirre y Mendoza nomás, con lo que entra el mes que viene tenemos todo solucionado. ¡Ahora anda a comer y dormí un rato, tenés unas ojeras!
Los números estaban ardiendo, la comida estaba pesada, el nudo en el estomago era cada día mas grande. Había que reducir personal, Martín tenía razón pero el banco no solucionaría todo.


Llegaron las cuentas… y los problemas… luz, ciento veinte; agua, treinta y cinco; impuestos, cuarenta y ocho...más, el súper son doscientos quince, la tienda son ciento cuarenta y cinco, el alquiler son tres veinte... la cuota de la compu son cien y me quedan...dos con alguito nomás... bueno, esos doscientos, van para el ahorro... espero cobrar mañana...
Coco la despide con una mirada y se acuesta nuevamente. -Hola, ¿Cómo anda don Juan, cómo está Luisa?. Un hombre de cincuenta años, vestido de camisa azul y pantalones claros la mira, detiene la escoba que manejaba.
- Bien querida, gracias por preguntar, cuando quieras algún dulce casero dijo Luisa que le avises... ella estaba haciendo viste... viste que con el sueldo no alcanza para todo hoy en día...



Al auto le da el sol, pero solo por unas horas, después cuando empieza a caer la tarde, se normaliza.
La oficina rebalsaba de gente que iba y venia, agente de publicidad, agente de seguros, citas programadas... Mañana hay reunión con los patrones... espero que sea para cobrar el sueldo... El portazo en la oficina de Martín resonó en las oficinas de los abogados del segundo piso.
-¿Como les digo a estas chicas que se quedan sin laburo, Martín? ¡están desde hace diez años a nuestro servicio! ¡No podemos mandarlas así nomás, ni en blanco están todavía!
Martín es el socio que menos aporto en la empresa, pero es amigo de toda la vida de Daniel. Respira profundo, mira el escritorio, levanta la mirada y contesta casi sin pensar.
-Daniel, lo siento, yo también pienso de esa forma pero no nos alcanza, las cuentas por cobrar vienen bárbaras, pero Aguirre nos canceló la entrega, era mucha plata Daniel, y vamos a seguir en rojo así... total si todo marcha bien, las contratamos de nuevo, no creo que quebremos después de diez años dentro del mercado...
Laura y María están llenas de papeles, el teléfono esta ardiendo, no deja de sonar.
- Saquemos un crédito, Martín
La mano de Daniel transpira como nunca antes, le cabeza la explotaba, el analgésico no funciono para nada.
-¿Otro mas? ¡No podemos terminar de pagar el primero, hermano! Despidamos a las chicas y listo, ellas son lindas e inteligentes, y tienen carisma y ya diez años de experiencia, ¡cualquier otro las puede contratar! ¿O no te parece? Total nos dividimos su trabajo... unas horas más fuera de casa...


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Las nubes presagiaban una nueva lluvia.
El día llegaba a su fin. Laura, agotada, miraba su reloj. María estaba ansiosa por ir a comprarse el aire acondicionado, mientras leía en su teléfono un mensaje de texto de su hija mayor: “vieja toy re feliz! Aprobé el examen d Física! Pronto voy a ir a visitarlos. Bsos”
Las ocho. La lluvia pasó de largo.
-Nos vemos María, cuidate y felicitala a la Juli por su examen.
Daniel no podía estar tranquilo. Pensaba en sus empleadas, sabía lo difícil de la situación.
Pensaba en Laura. Ella era una mujer soltera, de casi cuatro décadas. Su piel morena y sus ojos negros, eran para él la razón de continuar con su trabajo… si ella se iba… nada sería igual. Desde el primer día que la vio, se sintió raro, pero jamás se atrevió a hablarle más que un simple saludo. Además su secretaria era María, no tenía excusas para decirle más nada.
Su cabeza giraba en torno a su rostro y su voz de ese primer día en que la vio, ese “Buen Día, mi nombre es Laura Mercante, vengo por el aviso de empleo…”La casa estaba llena de tierra. Coco continuaba durmiendo. Se sacó los zapatos, el maquillaje, el traje gris de la empresa y se puso en su lugar un vestido corto de verano, con unas alpargatas blancas. Buscó la escoba, y comenzó a sacar la tierra. Hoy Daniel me miró… cómo me incomoda que me mire, seguro piensa que no me dí cuenta… encima no me da la cara para decirle ni a el ni a Martín, che, cambien las computadoras estas que tiran humo casi… por Dios, hoy se reiniciaron como tres veces en todo el día, María se ríe, pero yo…no lo soporto… Ay Coco, cuando vas a aprender a no tumbar las plantas…Daniel estaba tirado en su cama. Sonó el teléfono, y se levanto a atenderlo
-Tenés razón viejo… Estas chicas están hace años con nosotros… Clara me hizo razonar… no las podemos tirar a la calle, además, sería terrible que nos inicien algún juicio… viste que les debemos el aguinaldo todavía… vamos a ajustar otros gastos, quizás haya que hacer algún recorte, no sé, menos horas, ya veremos...
El corazón de Daniel latió a mil. Respiró profundo, sonrió y se fue al comedor a cenar.
Laura miraba la tele, con Coco en su falda. A su derecha, en la mesa, un plato vacío, listo para ser lavado. El vaso, en la mesita del living, donde ella estaba sentada. El teléfono empieza a hacer ruidos, un mensaje de texto: "laura, no te pierdas la oferta de los aires, por favor!!estan baratisimos, aprovecha, de verdad no lo dejes pasar, te lo mereces!" 


Ya era martes. El día estaba más pesado que nunca. Laura llegó y en su escritorio había una nota doblada al medio con su nombre escrito en finas letras negras, con una caligrafía que reconoció inmediatamente: “Laura, sé que esto te sonará desmedido…pero, desde el primer día que te vi me enamoré de tus ojos. Por favor, hoy, a la salida del trabajo, quiero que nos veamos en el bar de la esquina Perón y Av San Martín. Te espero. Daniel”
El mundo se congeló entero. Los ojos de Laura estaban completamente abiertos, y su corazón era una fiesta… Diez años espero para este momento. Se sentía como de veinte años de nuevo. Sin embargo algo en su alegría le provocaba dolor y tristeza a la vez.
Daniel, se sentó en la mesa del fondo, al lado de la ventana con cortinas. Pidió un café. Ella entro cinco minutos después, y lo llamó al teléfono para ver donde estaba. Fue para la mesa del fondo, de forma disimulada. Se sentó y lo miró fijo a los ojos.
-Siempre lo supe Daniel. Yo… sentí lo mismo por vos desde ese momento… Y esperé este día a pesar de pensar que nunca llegaría. No dejo de pensar en esa primera vez que te miré a los ojos...  Se detuvo bruscamente, mirando la mesa
-Laura, también lo sé y lo supe… pero jamás me animé a decirte nada…hablemos, hablemos más, por favor... -Miró nervioso la carta, las manos de esa hermosa mujer que ahora le parecía más humana que nunca-  ¿ Te… pido un café?
-No, está bien así, no planeo estar mucho tiempo, tengo miles de cosas que hacer en casa… Creo que no hay mucho más para decir...
-Bueno-miró nervioso a su interlocutora, la vio tan hermosa, tan suya, no supo qué decirle-  no quiero robar mas tu tiempo entonces… te llevo si querés. - Afuera diluviaba.
-Bueno, porque la lluvia no para más parece, mi casa esta toda embarrada ya…y después va a ser imposible entrar en el barrio, ya sabés cómo es el tema ese... - dijo ella, sin sacar los ojos empañados de la ventana, reuniendo valor.
El auto de Daniel era grande a pesar de no parecerlo por fuera. Llegaron a la casa de Laura. Daniel detuvo el motor, y la miró a los ojos.
-Perdón por dejar pasar tanto tiempo, Laura,por no saber qué hacer, qué decir, pasó tanto tiempo... te amo con toda mi alma, y siempre te voy a amar.
-Lo sé - dijo ella con una frialdad que sentía por primera vez en su vida - pero mañana es un nuevo día… y debemos continuar. También te amo y te voy a amar por siempre… con la misma fuerza.

Laura entró en su casa, y antes de cerrar la puerta saludó a Daniel con la mano. Cerró con llave, cerró sus ojos, recordó ese momento inolvidable para los dos, ese beso que dejó una huella más profunda que todos los besos que dio en su vida. Las lágrimas bañaron su mejilla toda la noche. Pero mañana sería un nuevo día.
Daniel estacionó el auto, antes de bajarse, pensó en Laura, en sus labios, en sus ojos negros, en su amor incondicional.
Se bajó.
Entró a su casa, saludo con un beso a su mujer y a sus hijos.
Mañana sería un nuevo día.

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