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Mostrando entradas de febrero, 2013

Catalina

Catalina, no podré ser como vos, no estaré a tu altura, Catalina. Me das miedo y me das fuerzas, me asombran tus acciones, me deslumbra el nivel de despojo, Catalina, a través tuyo descubro mi poquedad, mi falta, mi arrogancia, Catalina.  Yo no quiero ser como vos, Catalina, huyo de tu herencia pero me quema por dentro la curiosidad de tus silencios, yo no quiero ser igual a vos Catalina, yo quiero ser yo y llegar así al mismo lugar en que estás hoy. Catalina, ¿Qué hacer? Me miras de reojo, ¿me hablás a mi? ¡Catalina! No podré ser como vos.

TRES

cada canción corea  tus tristes tiempos esos ecos elásticos del daño dormido del domingo dorado del dilema discrecional, vida, ven, ¡vamos! no niegues nunca que quiero quererte que quise quererte que quisiera quererte pero para peor, las lánguidas letras buscan banales boca que quiera quitarlas  gritarlas, gastarlas, ganarle al acto amedrentado, cobarde, como corazón mío, merecen morir en enunciados entorpecidos que quiten quizás verdad violenta, ¿vio? usted, únicamente usted logra limbos locos  en esta escasa mente, melancólicamente mía tan tristemente tonta... tan torpemente tuya.

Mariana.

Recuerdo a Mariana como si viera su imagen a diario, y la verdad es que, con suerte (y mucha), sólo la vi una vez en la vida, cuando pasé por su ciudad de prisa, pero la recuerdo muy bien: piel lozana, muy blanca y tersa como de fina porcelana; un par de ojos verdes jade, grandes, brillantes, vibrantes, quizá los más hermosos e inolvidables, coronados de gruesas y negras pestañas; su cabello color café y la delicadeza de sus labios, ese conjunto único de cualidades la hacía semejante a una muñeca, a un ángel sin alas o quizá a un demonio sin cola... Su belleza excedía el límite de lo natural y nadie que la hubiera visto podría negar jamás que aunque sea una vez, un destello de sus ojos los dejó fascinados, un reflejo de su sonrisa lo dejó estaqueado en el camino, en una especie de encanto o enamoramiento fugaz. Nada podía ser negado a Mariana. Ella no necesitaba hablar o pedir las cosas, su presencia bastaba para que lo imposible se hiciera posible. Cada curva de los rulos de s...

diamante

serás en mi mundo  pequeño y lleno de palabras algo así como un diamante precioso que tardará tiempo en formarse y cuando llegue el momento indicado por el motor que da vida a los sueños saldrás a la superficie,  mostrándome tu brillo natural, la preciosa luz que estaba escondida patrimonio del corazón  que sólo sabrá quererte.

Búsqueda

porque en algún lugar del mundo, que siempre resulta tan pequeño, estarás esperando por mi,  mientras recorro la vida por encontrarte... porque sé que estás, en algún lugar del pequeño mundo, encontrando pistas que indican  que deberías empezar  a buscarme...