Te imaginé, negrito, entrando en un prado verde, con solcito. Te imaginé saltando, dejando que el sol te bañe la monedita de oro de tu cara, el único ojo que tenías.
Te imaginé siendo un gato feliz. Imaginé que todo el amor que diste regresó a vos en forma de más amor. Que recibiste un privilegiado lugar en el cielo gatuno. Que el pastito blando y vibrante de verde te acariciaba las almohadillas de tus negras patitas. Que los rayos de sol que te acariciaban el manto negro y brilloso te seguían la figura como mi mano cuando te saludaba. Que el agua fresca y pura no tocaba tus bigotes. Que había muchos sillones hamaca para que hagas tus siestas. Que eras feliz, mi Indio hermoso.
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