Creo

Digo, armo con mis manos un pozo de arcilla, y me dejo morir ahí dentro, desgarro mis ropas con furia amenazadora y me enternezco de mi miseria. Mis lágrimas bañan mi rostro, el de ayer, el de hoy: se cubre el cielo de penas. Mira, es muy probable que yo llueva. Que abunden los rosedales con espinas, que sangren las manos del jardinero, que sus ojos vean como es en verdad el fuego. Mira, observa aquel rosedal, ¿lo ves? No quieren ser mutilados, no necesitan más que la luna los ame, los bese; que la tierra los apañe, los alimente; que la caravana de males que se aproximan huyan por donde está viniendo: esto es la paz, es una tremenda mentira que todos creemos

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