Viceversa.
Te confieso una cosa: soy intolerante.
Sin dudas te habrás dado cuenta. De mi amplio abanico de defectos, ese es el que más me gusta. Me hizo ser como soy: iracunda, irónica, irrascible, sarcástica... lo que llamaríamos una perra en su sentido de hija de puta más puro. Soy de lo peor gracias a mi defecto. Insoportablemente intolerante. No incomprensiva, no malvada, no malintencionada, sino INTOLERANTE. Al máximo. Y si tuviera que hacer una lista de las cosas que no tolero, en los primeros puestos estaría sin duda la falta de tolerancia.
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